Pueden parecer muy "cultos" los más grandes
empresarios del Perú, "cultos" de lengua y de pinta que repiten
paporretas de salón con una arrogancia que parece brillantez ante una audiencia
idiotizada por encargo porque no tienen verdadera imaginación, pero simplemente
ni disciernen ni mucho menos iluminan nada, solo calculan como esclavos de su
gran nimiedad. "Amo el Perú", profieren sus lenguas viperinas desde
sus fundos, desde los que pagan a la policía para pegarle a ese país que no es
parte de la sumisión a la idiotez. Pero así manejen unos hilos, son los
corrientes títeres de otros como ellos mismos.
Juran que propalando historias
de sombreros tendrán buenaventura y gloria.
Nuestros grandes empresarios son
como esos pobres bichos de laboratorio que tandean al que llega sin saber
porqué, encargando tandas sin saber porqué. "Éxito" le dicen a ser
menos peor quel otro, si es que no han matado ya al competidor. Matones son. Su
creatividad solo les da para idear mejores métodos de tandeo para el próximo en
llegar. Nada más. "Creatividad empresarial". Sin tombos y con tombos
son nada. Una nube tiene más poder. Y los poetisos del ridículo y la
huachafería que les aplauden como focas que lamentablemente existen sin
existir, son eso, pobres focas de pobres bichos. Parásitos de su propio país.
*inspirado en una publicación de Nicole Cuglievan.
*inspirado en una publicación de Nicole Cuglievan.
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