Europa redescubrió el cuerpo.
y empezó a redescubrir su alma.
La atrapó y la tradujo en artes perfectas:
la captura perfecta del cuerpo,
cómo debe moverse,
cómo debe nutrirse,
cómo debe ver al dolor,
cómo debe Ser.
Se volvió víctima,
mártir
de su espiritismo.
Se sacrificó
en nosotros.
Hizo mil conjuros,
bailó bellamente
alrededor del cuy
en cuatro patas,
sobre una pira
del metal que no se corrompe,
para corromper el cuerpo
y abolió el cuerpo
y se quedó con el alma
para decir con autoridad
Yo soy Dios,
Dios no se corrompe.
No, no se corrompe.
Es.
Europa era puro cuerpo
pero se sintió repulsión,
la forma de mi sabiduría daña;
intentó matarlo
--por no ser Dios perfecto--,
ansió ser Dios
conservando solo el espíritu,
pero no soportó carecer de cuerpo
que lo atrape,
que lo contenga
para ejemplificar,
poniéndolo en un monumento
a la práctica,
para registrar
la experiencia,
la advertencia,
el premio
y la amenaza:
tú eres el cuerpo
que posee mi alma.
Y el ser sigue sufriendo
el encargo
de arribar
solo arribar.
únicamente está permitido
arribar. El cielo no está abajo.
América, Asia, África, Oceanía
amaban el cuerpo
y su alma siempre estuvo bailando
sobre la tierra mojada
imperfecta e informe y ubicua,
tenía derecho a bailar,
a ser libre, a Ser.
El alma y el cuerpo estaban casadas.
Pero se olvidó un poco
cuando Europa murmuró a gritos
o gritó en rezos,
con la voz del estruendo
que producen
las espadas de hierro afiladas,
Yo soy Dios,
el que dictamina
porque tengo más grande y sabia el alma,
más uniforme y bella,
poderosa para elegir cuándo me materializo.
Y América, Asia, Oceanía y África
fueron obligadas a sablazos
a embutirse su tierra
fehaciendo el placer
por lo corrompido,
con la boca abierta,
con la panza llena de gusanos
y los pulmones agujereados
para que por allí se escurra
el alma
y se uniera a la más grande y verdadera.
Luego, América,
empoderada en su bondad subdiciente,
recibió el cuerpo de Europa
para destruir de alma a Asia.
Asia era América.
Asia se volvió Europa.
Y América silenció todo
cuerpo y alma.
Se mató completa.
Oceanía y África no existen.
El silencio solo cura
si es más bello que la bulla.
