lunes, 30 de septiembre de 2019

diplomacia

No hay diferencia, aquí,
entre actos de sabihonda diplomacia
y la práctica cotidiana de lucir,
al bajarse de la cátedra, una galante joroba servil.
Tan diplomáticos somos,
que en vez de forma humana,
tenemos formas de podios
que aguantan en diplomáticos morros
las pesadas pisadas de una ajena pedicure.
El Perú, que sigue siendo Lima,
está cubierto desde ella de una
mancha fronteriza erigida en corrección:
patrimonial huachafería, terror a ser Nación,
terror a imaginar la pérdida de la billonésima parte de un millón.
Y los podios
no son los otros sino nosotros.

domingo, 29 de septiembre de 2019

escalera

te trepaste sobre
una nube usando
confiado una escalera
de hierro con
todos sus peldaños
y algunos más
por si acaso.
la escalera
se cayó.

sábado, 28 de septiembre de 2019

intriga

Me intriga con tristeza
por qué no te quedaste
brizna ni te tejieron canasta
o mejor puente

te has marchitado
en la avenida en vez de en 
la pampa y todo tu brillo
se lo comió la vereda

tu flexible cuerpo
se acompañó de las manos
del viento que no sopla
y la infrecuente garúa

arrugaron seco tu juventud
flexible e ingenua,
expectante. Habías lucido
dorado entre los autos

pero los autos no tienen
ojos y tú sonreíste solo al frío
del Sol que llovió tantos años
esperando llevarte.

horda de girasoles

[...]música como la soledad cuando grita como lo hace una horda de girasoles al medio día.
Casi todos mis fanatismos
-después de quererte,
o antes, no lo sé-

mis músicas
esas van cantando y
silbando y silbando y silbando y
penando a veces como cuando
silba el viento buscando el cielo
entre los cerros
mi fanatismo por la soledad invernal y
estival y mi desafecto por la playa
donde uno dibuja y nada queda,
esa playa que me es un templo
impenetrable pero, allí
en donde esté
música como la soledad cuando
grita
como
lo
hace
una horda de girasoles al medio día.
-después de quererte,
o antes, no lo sé-

viernes, 27 de septiembre de 2019

ignorancia

mi ignorancia me enmar aña
como a una malagua que se
deja ser en la arena
me sorprende, me asombra,
me admira cada día que pasa
y veo cuán poco sé
de afuera de mí. Afuera de mí.
La espuma universal me
susurra y me envuelve
cada día que no sé su nombre
dónde está ni por qué es,
cómo canta silenciosa.
La espuma me invade y aprendo
que no sé nada por todas partes
otra vez, y yo me dejo
en eso que podrán ser pero
no sé si son sus manos
o sus cuellos o pies.
Mi ignorancia inefable por mí
es como un dolor alegre
como una caricia aliviante
que me tiene en un viaje cada
vez más dulce y más amable
y más liviano y más terso
Lo único que sé es quién soy:
una ignorante feliz y arrogante.