pretencioso
sería hincharse
mar
siendo riachuelo,
riachuelo
minúsculo,
hilito
de música suave,
de
notas ágiles
que
envuelven piedras
y
arenas,
de
gotas amables
que a
ciegas embeben pastos,
que refrescan
mariposas,
sapos,
ratones y arcillas,
riachuelo
voluntarioso
que,
cuando la tierra
está
sedienta y el cielo vestido
se
torna caudaloso,
de acordes
graves
que
aran su cauce
lampeado
por su voluptuosidad,
a
sabiendas de que sus brazos
tarde
o temprano se estirarán
alcanzando
cuencos a las colibríes
y a los
choclos y capulíes,
consciente
siempre de que
es apéndice
de otro río,
de
que no le devolverán los cuencos,
de que
será burbuja devuelta al mar
que
también se evapora,
que
una hora se ala y a la otra se lanza
y
todo vuelve a empezar.
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