domingo, 13 de octubre de 2019

alcos

La calle está repleta de alcos que ladran
sordamente colgando de nuestros ojos.
El tiempo se detiene y observa
durante infinitos segundos las
arrugas de sus resecos pies cayosos y
manos sin dedos,
atravesados todos por agujas relojeras,
como pinchos
de embriagadores anticuchos.
Los escribanos jorobados
trepan como lagartijas
nocturnas sus columnas
escolióticas de hierro caliente
y describen analfabetos
lo que no pueden oler.
Los estómagos de los pumas y los zorros asmáticos
esperan por un poco de
hojas entre la basura cárnica que
arroja un ecran atómico.
Esperan.
Esperan y
mientras
se comen al cuy con complejo de nube y de Sol.

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