lunes, 28 de octubre de 2019

Se busca

En mi pequeña Lima antes se buscaba al caudillo,
hoy se busca una canción.

En mi pequeña Lima se busca una canción,
en la lengua dominante, que de pronto
nos libre de la desidia cultivada por
la obnubilación de ver brillar la escarcha con la que
unos embellecieron nuestros ombligos de jebe.

Una canción que, de pronto, escuchen esos oídos
de esos cuerpos armados para que sientan
que ser enviados a golpearnos con insultos y balazos
es cometer el suicidio de sus hijos y sus madres. Y nos abracemos.

Una canción que, como un chispazo, despierte a los títeres
que creen gobernar, siglo tras siglo, a punta de órdenes
de quienes jamás nunca nos vieron como iguales,
que sin vergüenza se forran con todo lo nuestro. Y nos abracemos.

Una canción que, repentinamente, tu pariente escuche
esta vez sin odiarte, uniéndose a tu hartazgo y a tu rabia
por ti y por los obligados a pagar para vivir como muertos sin nicho
pero sin morir sin diversión. Y nos abracemos.

En mi pequeña Lima se busca
una canción que todos canten… pero en
mi pequeña Lima lo privado es lo más sagrado y la sangre
la vía de comunicación. Y nos abracemos.

Y los demás hablantes seguirán
‒como siempre y delantito de las de Lima sus orejas mochas y ombligos largos‒
cantando alto, durante el continuo y añoso momento claro,
el canto que aprendieron de esta tierra en todas sus lenguas,
la del río, el delfín y la paraca,
la del bosque, el colibrí y la garúa,
la del cerro, el puma y la flor.

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